Hombres maltratados por Juan David Escobar Valencia

Este es un artículo que contiene cifras interesantes y ahora que se acerca el día de la mujer lo compartimos con el afán de entender que la violencia está en el sistema y no en un género. Que en realidad debemos ver más allá de géneros y argumentar desde diferentes lugares.


“Es el tiempo del miedo. Miedo de la mujer a la violencia del hombre y miedo del hombre a la mujer sin miedo”. Eduardo Galeano

La tradición en Kenia es que la mujer es la que cocina en casa y los hombres comen con la familia como una forma de agradecimiento al inagotable y subvalorado trabajo doméstico femenino.

Pero la organización Maendeleo Ya Wanaume, en defensa de los 460.000 kenianos de las provincias centrales y de la capital del país que han sido sometidos a abusos domésticos por parte de sus féminas, ha decidido boicotear estas cenas caseras por el abuso de los sufridos machos del hogar.

El boicot a las cenas en casa sería de seis días en los que los cascados señores saldrán a comer afuera con sus compañeros de infortunio para intercambiar experiencias, compartir una que otra técnica para conservar los dientes en su sitio, disimular moretones sin mucho maquillaje y consolarse con los males de sus congéneres.

Yo no sé si este es uno de los más ingeniosos y sofisticados planes de que se tenga noticia para irse de juerga con los amigos una semana entera, pero sea lo que sea, la violencia contra los hombres no es tan sólo una posibilidad teórica, así sea menor que la violencia de los ellos contra las ellas.

En EE. UU., entre 1976 y 1987, aproximadamente el 20% de los asesinatos de hombres fueron realizados por sus parejas o exparejas.

Un estudio peruano estableció que en Lima “la necesidad femenina por compensar su desigualdad física frente al varón, las conduce a aumentar su destreza en violencia psicológica, así como la probabilidad de usar objetos contundentes o punzantes contra éste”.

Sin considerar que la cantaleta es más peligrosa que un arma blanca, pues se parece a ser aguijoneado con una lezna, que penetra hasta el fondo pero no sale sangre.

Un estudio de 2006 de The Australian Bureau of Statistics Personal Safety Survey estableció que el 32,3% de los casos reportados de víctimas de violencia doméstica física y emocional perpetrado por parejas o exparejas, fueron hombres.

Un estudio de J. Corsi y otros de 1995, sugiere que el 2% de los hombres latinoamericanos son maltratados por sus parejas. Aunque no me sorprendería que en América Latina tal vez sean más los casos de hombres violentados, pues muy pocos de estos machos latinos de rostro marrón en parches querrán ser vistos en comisarías explicando en público cómo su señora los cascó en la casa.

Aunque algunos de estos actos femeninos son la respuesta a una larga y humillante agresión física y sicológica de parte de sus esposos, no pretendo justificar este tipo de violencia intrafamiliar.