Los hombres en perspectiva de género por Oscar Guasch.

La masculinidad es como una cebolla: no hay nada debajo y hace llorar. La masculinidad está hecha de capas y capas (de ritos, palabras, y significados) que no esconden ningún núcleo ni ningún corazón. La masculinidad es volátil y es sutil, incluso cuando no lo son algunas de sus manifestaciones sociales visibles: violencia, competitividad, e individualismo. La masculinidad forma parte de un relato mítico mediante el cual se ofrece a los hombres la tierra prometida (en forma de reconocimiento social) siempre y cuando se adecuen a las normas de género que les corresponden. Es una promesa fáustica. Mefistófeles (la sociedad) tienta a los hombres con engaños y falsas promesas, porque nadie les informa del precio que deben pagar por acceder y mantener el estatus de hombres de verdad: “Sé un hombre y todo esto será tuyo”. Pero nadie especifica a qué precio.

La masculinidad implica sufrimientos, esfuerzos, renuncias, y negaciones. También fuerza a asumir riesgos para probar ante el resto de varones que se merece conservar el estatus de hombre de verdad y el reconocimiento social que comporta. Vivir como hombres normativos facilita mantener el beneplácito del resto de varones; pero hay que probar que se es digno del mismo. Y hay que probarlo todo el tiempo, en todas las interacciones sociales. Hacerlo suele ser agotador. En este sentido, las mujeres lo tienen más fácil porque no deben probar nada (salvo decencia y decoro). Tiene razón Simone de Beauvoire cuando escribe en El segundo sexo que las mujeres se hacen a lo largo del proceso social que las convierte en tales. Pero su punto de vista ha tenido un éxito social limitado. Las sociedades occidentales, como la mayoría, siguen pensando que es el hombre quien se hace. Para ello asocian a las mujeres con la biología mediante la estratagema de definir como naturales funciones sociales como la maternidad o la alimentación de la descendencia. Creer que “el hombre se hace” implica que sus atributos pueden malograrse (ya que son definidos como caracteres adquiridos en el proceso de socialización). Y, al contrario: nuestra sociedad asume que a las mujeres les es casi imposible perder lo que la naturaleza les otorga. Por eso, a las lesbianas con hijos se las piensa antes madres que lesbianas. La maternidad confirma a las mujeres como tales. Pero la naturaleza no brinda parecidos instrumentos respecto a los hombres. Por eso la masculinidad es una condición frágil que puede perderse. Se trata de un proyecto biográfico y social que no termina jamás, y que siempre puede cuestionarse.
La masculinidad es una forma de género. Y el género es estructura social. Se trata de una forma universal de organizar la sociedad. El género está en todos los lugares y en todas las épocas. El género es estructura social y es orden simbólico, pero no existe de igual modo en todas partes. Para entender el papel que mujeres y varones juegan en distintas culturas es preciso hacer un análisis particular de cada sociedad concreta y evitar generalizaciones de tipo etnocéntrico. El género (como la edad) es una variable universal de estratificación social que regula los roles y el acceso y la distribución de los recursos. Pero existen algunas sociedades con más de dos géneros, y otras en las que los atributos que conlleva (para hombres y mujeres) son distintos de los nuestros. Por eso es un error pensar que el género actúa de igual modo en todas partes.
El desarrollo de una mirada autónoma y crítica de los hombres sobre sí mismos está por construir. No existe un movimiento social amplio e interclasista (análogo al movimiento feminista) que se ocupe de ello. Por eso, la noción de masculinidad aún está en construcción. Pese a ello, tanto en nuestra sociedad, como en la mayoría, la masculinidad tiene un carácter mítico. Los mitos no son evaluados ni testados, pero constituyen un referente normativo respecto al cual se articulan los discursos y las prácticas. Así pues, la masculinidad define un modelo ideal que actúa como referente pero que no tiene traducción real. Y es que los procesos de socialización siempre producen personas imperfectas respecto al modelo prescrito (sea por exceso o sea por defecto). Esto significa que, aunque quiera, ningún hombre cumple de forma estricta con la masculinidad prescrita en su sociedad.
Salvo los homosexuales y gays, los varones se asocian poco por el hecho de serlo. Existen, eso sí, una especie de asociaciones de afectados por el sexismo social nacido de la corrección política: las asociaciones de padres y de separados y divorciados. Sin embargo, sus discursos de denuncia política del sexismo que padecen no son tomados en cuenta en un contexto que, de forma simplista, tiende a definir a los varones como verdugos ya las mujeres como víctimas. Nuestra sociedad se empeña en hablar del patriarcado como si este fuera un producto creado por los varones con el que las mujeres no tuvieran nada que ver (excepto como víctimas). Hay que desarrollar nuevos puntos de vista sobre todo esto. La transfobia, la homofobia, y las agresiones contra los hombres que no dan la talla, también son formas de violencia de género. Hay algunos varones y también algunas mujeres que oprimen a los demás desde posiciones hegemónicas de género. Pero ni ser mujer es garantía de nada, ni tampoco ser hombre debería ser considerado un agravante. Y en cualquier caso, no debería olvidarse que es imposible liberar a las víctimas sin liberar, al tiempo, a los verdugos.

Oscar Guasch

Departamento Sociología.
Universidad de Barcelona.
oscarguasch@ub.edu

Fuente: http://www.jerez.es

9 pensamientos en “Los hombres en perspectiva de género por Oscar Guasch.

  1. Me gustó. Estoy en el área de la salud pública y me parece que el tema del género ha permanecido en la negligencia para los muchos temas de salud en hombres y mujeres. No porque no se mencione, sino porque inútilmente aparece y reaparece en el discurso pero continua ausente en las acciones, en los procederes.

  2. Oscar, fenomenal!…Muchas gracias por la reflexión, muy lucida. En Bogotá (Colombia), desde la Universidad, tenemos la intención de seguir impulsando los temas de violencia de género, pero incluyendo NECESARIAMENTE a los hombres, las masculinidades y todo lo que con ellos también acontece. ¿Conoces de algún proceso que se esté realizando en las universidades de España, considerando esta perspectiva?…Estaría muy bien que hiciéramos puente. Yo estaré hasta julio en Madrid, estoy de intercambio, así que sería genial lograr algún contacto. Quedo pendiente! Saludos..

    • Hola: Este blog es de Las disidentes, no sabemos si Óscar lo ve, te recomendamos escribirle a su correo electrónico.oscarguasch@ub.edu

  3. De acuerdo en parte, tampoco el colocar a los varones como victimas es la solución. Tanto las mujeres como los hombres son producto de sistema sexo-género. Y en ambos casos ha habido quienes han jugado tan bien sus roles que le han sabido sacar “provecho”. Sin olvidar que en este reparto del poder históricamente las mujeres han sido excluidas, Por eso es necesario que tanto hombres como mujeres reflexionen y cuestionen los roles de género asignados culturalmente y que los eliminen de su existencia (incluso los que les proporcionan privilegios) Por ultimo no queda claro porque diferencia homosexuales de
    gays, me gustaría que aclarara la diferencia.

  4. Esa relación sexo-género de la que se habla has sido históricamente desigual. Las mujeres han reflexionado desde hace más de dos siglos sobre su estar en el mundo. En el caso de los varones, sí deben ser ellos quienes deben de romper el círculo, ellas ya lo desean. Una nota más, las mujeres hemos sido en el patriarcado jerárquico, misógino, homofóbo, de ahí que muchas participen de esos juicios.

    • Creemos que los hombres también han reflexionado, habría que leer la bibliografía al respecto, lo que ha sucedido con el feminismo mainstream es que ha olvidado muchas de las cuestiones reflexionadas por todas las otras corrientes de pensamiento, incluidos los feminismos disidentes.

  5. Estoy deacuerdo con muchas cosas, pero no con todo. Creo que aunque si es verdad que el papel del hombre es más indefinido, porque no se considera tan intrinseco como el de la mujer, su lucha y demostración no siempre cae en definirse como hombres, sino en no ser confundido con lo que se conoce como definitorio de mujer, es decir, debilidad, sensibilidad, tacto, estética, etc. Cuando una mujer se acerca a lo que puede ser un hombre, como en el caso de las lesbianas (que citaste), esta posible confusión no ofende a la mujer, sinembargo, al contrario, el confundir a un hombre con una mujer, o decirle tan solo que se parece a una, es un gran INSULTO… por lo que creo que es mucho más fácil para los hombres, luchar por definir su género desde la perspectiva del Ser Alfa, desde las alturas, donde todo lo que te hace hombre te hace triunfador, mientras que las características que definen a la mujer (algunas ciertas y otras dadas por el género masculino) en general son malas o deficientes.
    Lo que si creo, es que este juego o teatro de papeles que era la sociedad, donde cada uno tenía su lugar y sus funciones y que ayudaba tan bien al hombre a definirse, está completamente obsoleto, y esto es lo que está probocando la descompensación de los hombres, la confusión y las luchas… porque cada vez es más débil y borrosa su función.

    verointhecity.blogspot.com

  6. La sociedad capitalista e industrializada es la que nos impone estos roles, debemos actuar con respeto hacia hombres y mujeres, quitarnos las viejas ideas que se implantan ser mejores pensantes y menos impositivos ya que la desigualdad se da contra todos (hombres y mujeres), busquemos sociedades auto sustentables no riquezas industriales y monopolizadoras,

  7. Pingback: Masculinidades | Nociones Comunes Zaragoza

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