Matrimonios de los otros

Por Rachel Cooke

The Observer, 1 de junio de 2008

El primer libro de la escritora estadounidense criticó a las mujeres por llorar “la violación en la cita” y atrajo la furia de las feministas. Las relaciones de las mujeres con los hombres son de nuevo el tema de su nuevo libro – un estudio de los matrimonios muy poco convencionales (menage a trois, ¿alguien?). Con su propio divorcio detrás de ella, le dice a Rachel Cooke que hay más de una manera de vivir la vida.

Katie Roiphe. Photografía: Anna Schori

Katie Roiphe. Photografía: Anna Schori

Katie Roiphe no se supone que sea realmente santo de mi devoción. En 1994, a la tierna edad de 25, publicó la polémica, The morning after (Al día siguiente), en la que sugirió que era, en el mejor de los casos, de ideas confusas y, en el peor, histérico que las jóvenes, especialmente las jóvenes inteligentes en los campus universitarios, llamaran, como entonces lo solían hacer, a los encuentros sexuales desagradables o lamentables con sus compañeros, “violación en la cita”. Es un libro muy controvertido y que hizo que mucha gente se enojara, especialmente gente como yo que habíamos dedicado gran parte de nuestros días como estudiantes a las actividades de lucha contra la violación (anti-rape), tales como marchas de reclaim-the-night y que habíamos puesto nuestro overol (azul, con manchas blancas: no, realmente) en bolas de naftalina con cierto pesar. Las mujeres de todos lados se volvieron hacia ella con una ferocidad espectacular.

A nadie, al parecer, le agradaba Katie y a nadie le gustaba su libro. En su campus, la Universidad de Princeton, las feministas firmaron peticiones y realizaron reuniones largas y encrespadas. En las salas de espera de la televisión, se negaban a darle la mano. En las críticas de los periódicos serios, se fueron tras ella como sabuesos tras un zorro (un símil apropiado, debido a que, con sus rizos infantiles en forma de tirabuzón extrañamente contrapesados por un par de piernas de caramelo que terminan en las axilas, ella era, y es, absolutamente una zorra). De un momento a otro, Roiphe se convirtió en el chica de cartel para un cierto tipo de conservadurismo joven pero brutal, del que un comentarista se refirió maliciosamente como Feminismo que lo hace (Do-me feminism).

Excepto, una parte de mí, secretamente, siempre la ha admirado. Roiphe se negó a retractarse de sus argumentos y entre más furiosamente reaccionara la gente, tanto más se confirmaba su percepción de que ella tenía la razón al poner el asunto en discusión, aunque estuviera fuera de moda, en primer lugar. Así que, yo admiraba sus agallas, si no otra cosa. Además, ella es una muy buena escritora. Su nuevo libro, Arreglos poco comunes (Virago), que se publicó en Estados Unidos el año pasado, y se distribuirá a finales de este mes, es tan hábil y elegantemente conciso que Que incluso en la ciudad de Nueva York, corazón liberal de los medios, se ha revisado amablemente. Quienes odian a Katie se lamentarán al escuchar que es muy absorbente -dijo el normalmente malicioso New York Observer: “una pequeña pieza de erudición.” En el New York Times, Tina Brown aclamó como “el libro de cabecera perfecto para una época como la nuestra, en que todo se sabe y no se entiende nada…inmensamente entretenido.”

Por mi parte, lo leí a más de medio años de saber que iba a entrevistar a Roiphe y he instado a todo a quien conozco desde entonces a que lo lea. Una colección de siete retratos de la vida matrimonial en el Londres literario de 1910 a 1939, sus sujetos incluyen a HG y Jane Wells, Katherine Mansfield y John Middleton Murry, y Vera Brittain y George Gordon Catlin. Pero si esto lo hace sonar como que se debe ser una persona anticuada para disfrutarlo plenamente, no teman. La revista People describe Arreglos poco comunes como la lectura de playa perfecta y aunque dudo que Lindsay Lohan vaya a empacar una copia en el corto plazo, creo que es una expresión correcta: husmear en el territorio sagrado de los matrimonios de otras personas es irresistiblemente fascinante y eso es cierto incluso en la empolvadas relaciones que terminaron en algún momento a mediados del siglo pasado.

El libro es, sin duda más contemplativo y cuidadoso que su trabajo anterior, resultado, tal vez, del hecho de que estaba escrito en el dolor, como respuesta , en parte, al fracaso de su matrimonio (ella y su ex marido, Harry Chernoff, un abogado, tiene una hija de tres años de edad). “Empecé a escribir cuando mi matrimonio se estaba desmoronando”, dice. “Fue una manera misteriosa de abordar los problemas de la vida.”

En tiempos de problemas, algunas personas recurren a la bebida, algunos a las drogas. Roiphe, sin embargo, lee los libros que ha leído un millón de veces antes. “Estaba leyendo obsesivamente. Fui a la biblioteca pública de Nueva York, me senté en sus hermosas habitaciones y leí y leí durante un periodo de tiempo muy largo y, posiblemente, poco saludable. Al principio, ni siquiera había formulado que estaba escribiendo acerca de mi propia relación. Pero para mí, era una forma de responderme dudas. Hay mucha gente que ha enfatizado en lo infeliz que estas personas eran –y muchos de ellos eran– pero hay algo en el experimento, en la idea de que es posible vivir la vida de manera diferente de otras personas. Incluso si no funciona, es un fracaso espectacular.

 “Vanessa Bell [otro de sus sujetos, que tuvo un ménage à trois con su marido Clive y el pintor bisexual Duncan Grant] hablaba sobre el deseo de vivir la vida plenamente. La idea de que la vida misma podría ser una especie de acto creativo es algo que hemos perdido. Hay una incapacidad de imaginar una historia de vida que no se ve exactamente igual que un retrato convencional.”

¿Así que encontró en estos matrimonios bohemios y a menudo dolorosos un consuelo? “Así es. Estos amores fueron poderosos actos de imaginación. Me hizo pensar que toda la energía y viveza que vertemos en nuestras relaciones es parte de lo que dejamos en la tierra. Para mí, eso era un consuelo. Una cosa que he aprendido es que hay un montón de maneras de construir una vida. Mucha gente invierte en la apariencia, en la forma que un matrimonio se ve desde fuera. Ya no siento ese tipo de necesidad. Me puedo imaginar una vida más rica de lo que podía antes.”

Roiphe piensa que somos tan moralistas sobre el matrimonio como antes “especialmente en nuestra cultura tan materialista, en la que debe tener un gran carruaje pare que la vida que sea perfecta” –y nuestras vidas son “limitadas” como resultado. En este sentido, su libro, con su variado elenco de esposas atentas, hombres mujeriegos y lesbianas con monóculo, también era una “fantasía escapista.”

Roiphe vive en una casa de piedra rojiza de Brooklyn, para usar sus palabras, con “pisos de tablones anchos de color miel.” Decorada con el tipo de muebles antiguos que sin duda compró en alguna tienda de segunda mano en Park Slope, pero que parece como si la hubiera puesto un diseñador profesional. Desde el exterior, entonces, esta deseable casa es sólo el último de una serie de logros que se iniciaron con su primer título en la Universidad de Harvard (sus logros menores incluyen una figura post-bebé tan elegante que pudría vestirse con una yurta y aún así se vería como una sílfide y, no puedo dejar de notar, la capacidad de caminar con tacones sumamente altos) y, sí, cuando te sientas frente a ella, con su minivestido retro y tienes jetlag ​​y vistes ropa de Gap, arrugada, la tentación , debo admitir, es sucumbir a una envidia rabiosa.

Tal vez por eso se ve tan tensa. Roiphe no es ajena a la envidia, A pesar de que es lo suficientemente astuta como para articular esto precisamente por el temor de parecer engreída. El año pasado, poco antes de que su libro se publicara en los EE.UU., escribió un artículo que describe la forma en que, a raíz de su separación, algunos amigos parecían querer que se derrumbara. Cuando no lo hizo, calmaron su decepción al juzgarla por no preocuparse lo suficiente por el impacto de su nueva vida en su pequeña hija.

 “Algunas personas tenían casi un deseo de verme sufrir” dice. “Si no sufres, ¿qué dice eso de las personas que están luchando en su propio matrimonio? Esas personas necesitan ver a la persona que se ahoga en su propio sufrimiento, y no va las fiestas, y no se divierte. Son como pingüinos que se empujan unos a otros fuera del hielo para ver si a alguno se lo come un tiburón.”

“También hay un nuevo moralismo en torno al asunto. La forma que tiene es diferente a la de 1910, pero existe. Se sobre lo que le estás haciendo a tus hijos y encaja con la idea de tratar de educar a tus hijos como flores de invernadero, en un ambiente perfecto. Es parte de una locura: ¡Estás perjudicando a su hijo! Obviamente lo estás, hasta cierto punto. La otra cuestión es esta preocupación: que me iba a romper en pedazos. Detrás de ella se esconde la idea de que no hay forma en la que una mujer sola pueda navegar por el mundo.”

Al escribir que no se estaba viniendo abajo, Roiphe no quería dar a entender que ella era extravagante feliz, sólo que ella se sentía acelerada.

“[la separación] es aterradora y dolorosa, pero también tiene esta energía nerviosa que es agradable y adictiva y productiva. Al igual que en la universidad, te quedas despierto hasta las cuatro de la mañana pensando sobre tu vida. Sientes todo más fuerte. No te sientes cómoda o segura, pero te sientes fuerte. No hablamos mucho acerca de este tema, de lo que la sensación de calamidad conlleva.”

Roiphe probablemente siempre iba a ser una escritora. Su madre es Ana Roiphe , la feminista cuya novela Up the Sandbox fue llevada al cine protagonizada por Barbara Streisand, y su padre, Herman Roiphe, era psicoanalista. Varias hijas de la pareja (ambos estaban casados ​​con otra persona antes de conocerse) son psicoanalistas o escritores.

Para Katie, sin embargo, la escritura vino a ella a través de la fuerza de las circunstancias, más que nada. Cuando tenía 12 años, pasó una gran parte de un año fuera de la escuela, después de un ataque de neumonía tan fuerte que una parte de su pulmón tuvo que ser retirado. Empezó a leer novelas del siglo 19 y obsesivamente a llevar un diario. Más tarde, observó la forma en que su madre trabajaba:

“Ella nunca hacía un gran escándalo respecto a escribir. Hacía notas en la mesa del desayuno, mientras escribía la lista del supermercado. No era uno de esos escritores que romantizan la escritura, que hacen de teatro de ello. Todavía le muestro mis primeros borradores y ella me muestra los suyos.”

Cuando se publicó The morning after, su madre la defendió de los ataques viciosos que se suscitaron. “Hasta ahora no sé si eso era porque ella estaba de acuerdo conmigo o si fue sólo amor incondicional. Es cierto que terminó con algunas amistades debido al libro.”

Roiphe estaba en medio de sus estudios de doctorado cuando publicó The morning after. ¿Tenía alguna idea de la cantidad de problemas que le causaría? “El primer artículo que escribí para el libro era una comparación de los panfletos sobre la violación en la cita con las  guías para señoritas de la época victoriana. Yo analizaba el lenguaje. El New York Times lo publicó y provocó muchísima rabia en el campus universitario. Así que yo lo sabía. Aun así, sentía que estaba tomando una posición de sentido común. No estaba preparada para tal respuesta.” Fue atacada por personas como Gloria Steinem y, más notoriamente, Katha Pollitt, en cuya crítica para el New Yorker acusaba a Roiphe de haber hecho una investigación chapucera y tergiversada: “Puede ser, ya que ella lo implica, la rara estudiante de postgrado que ha leído Clarissa, pero cuando se trata de violación y acoso, no ha hecho su tarea.” En su libro, Roiphe había escrito –pruebas un tanto anecdóticas,– que ninguno de sus amigas había sido violada nunca. La respuesta de Pollitt fue, en efecto: “¿Si fueras amiga de Roiphe, se lo dirías?” ¿Katie se molestó por este comentario?

 “Sí. Pero reforzó mi idea de que el libro debía ser escrito. El clima político era sumamente extremo. Me amenazaban de muerte cuando hacía presentaciones del libro. Hice una con un policía a cada lado.” Observa secamente que después Steinem aparentemente cambió de posición. “Steinem escribió una columna en defensa de Clinton, de una acusación de acoso. Por sus propias razones, ella y otras feministas lo defendieron y entonces las reglas cambiaron.”

The morning after y Arreglos poco comunes (han publicado dos libros entre esos dos, uno de ellos una novela) se siente como a kilómetros de distancia , pero comparten algo: ambos revelan un interés duradero de Roiphe en la mitología personal, en las historias que contamos nosotros mismos. Su principal objeción a los activistas en contra de la violación es que clasifican a las mujeres como frágiles o, como un crítico dice, “como Clarissas de hoy en día, débiles y tambaleantes y en espera de la deshonra, en manos de sus Lovelaces de fraternidad.

Desprecia el victimismo y se pregunta por qué nos aferramos a esa idea. “¿Por qué es tan atractivo pensar tu vida como algo pasivo? Maureen Dowd [la columnista del New York Times que se ha quejado de que ningún hombre está dispuesto a tomar a una mujer tan inteligente y exitosa como ella] preferiría culpar al patriarcado de que las mujeres no tienen una feliz vida romántica antes que, por ejemplo, pensar que hay algo en ella. La idea de no hacerse responsable de una misma por el caos terrible que es la vida personal, siempre es atractiva, sobre todo cuando no estás segura de cómo te sientes o cuando tienes 16 sensaciones diferentes.

“Parte de lo interesante del período de Arreglos poco comunes es que estas personas con una política moderna también estaban enamorados de estas ideas anticuadas de que las mujeres son delicadas y frágiles y necesita ser protegidas. Las mujeres en el libro –como Elizabeth von Armin [cuyo tiránico esposo Earl Russell, sin embargo, induce en ella una agitación por ‘ser sierva del Señor’], e incluso Rebecca West –aún quería, de alguna manera, ser dominada por los hombres. En ese sentido, el período refleja nuestra propia lucha, donde queremos la igualdad y el trabajo, pero también queremos esta familia perfecta. La resistencia de esta imagen es fascinante. “

Roiphe puede ser una madre soltera trabajadora (aunque está viendo a alguien), pero todavía se niega a describirse a sí misma como una feminista. “Estaba viendo un debate demócrata con mi hija y le dije: “¿No sería genial si hubiera una chica Presidente? Nunca ha habido una antes.” Ella me miró con desdén y dijo: ” Sí, la ha habido.” Me di cuenta de que para ella es tan natural que una mujer fuera presidente que no es una gran cosa. La revolución ha tenido éxito. Cuando mi madre tenía cuatro años, su padre le dijo que sólo las mujeres feas eran abogadas. Las feministas de los años setenta deberían ser felices. Deberían relajarse y tomar un whisky gigante, mientras contemplar el mundo y ver lo que han ganado. No hay nada mejor para el movimiento feminista de mirar a la cara de su propia extinción.”

¿Qué pasa con la diferencia de sueldo? “Claro, hay problemas, pero sigue siendo una historia muy impresionante de logros.” Le deprime que el “territorio más dinámico del debate feminista” es lo doméstico, que utilizamos tanta energía preocupándose por quien, como ella dice, “recoge el Lego”. Por un lado, es mejor pasar cinco minutos recogiendo el Lego que tres horas de preocuparse de que fuiste tú –no él– quien lo hizo. Por otro, es tan aburrido. “Entiendo que en la vida de cada uno estas cosas pueden resultar opresivas. Pero estoy de acuerdo con Joan Didion acerca de que la preocupación por todas estas cosas triviales es parte de la resistencia a las ideas que caracteriza nuestra vida nacional.”

“Sin duda he estado en fiestas en donde pienso de una querida amigo mía: ¿será capaz de hablar de otra cosa que de sus hijos? Tengo una amiga que le pone esos tenis chirriantes a su hijo. Alguna vez le dije: “Me pregunto si nuestros padres hubieran permitido los tenis chirriantes. Habrían estado en una plática y no habrían querido ser interrumpidos.” Ella dijo: “¡Pero ella ama sus tenis!” Para mí, esos tenis chirriantes son una metáfora de un cierto tipo de crianza de los hijos ” .

Roiphe, uno piensa, ha disfrutado de las recientemente respetuosas críticas a su libro y se complace en haber conseguido un codiciado trabajo de enseñanza de crítica cultural en la Universidad de Nueva York, a pesar de los gruñidos de algunos de sus enemigos izquierdistas. Pero, por otro lado, ella no se va a echar a rascarse la panza. Una vez un amigo suyo, le dijo que su deseo de escribir polémica salió de la parte más lamentable de su personalidad: el deseo de corregir al mundo. Y así es ella. “Tengo esa marcada característica y es lamentable y molesto y desagradable”, dice ella.

Este verano, quienes odian a Katie estarán encantados de escuchar, que ha comenzado a trabajar en un nuevo libro. Ella alisa  su minivestido retro en una acción que me hace pensar –¿quién sabe por qué?– en un carnicero que se prepara para ablandar un bistec.

Fuente: http://www.theguardian.com

Traducción: Las Disidentes