Entrevista a Christina H. Sommers

«La mayoría de las mujeres quieren sus derechos, pero no están interesadas en entrar en guerra con nadie»

Académica Residente (American Enterprise Institute)
Dra. en Filosofía

El feminismo no es un movimiento uniforme; especialmente en los Estados Unidos se han alzado algunas voces críticas porque entienden que el movimiento se ha radicalizado y que ahora defiende unos postulados muy negativos basados en la confrontación.

Christina H. Sommers, doctorada en Filosofía por la Universidad de Brandeis, ha sido profesora de ética en la Universidad de Clark (Massachusetts), actualmente es académica del think tank American Enterprise Institute (Washington) y escritora de éxito que no deja indiferente con sus libros. En 1994 publicó Who Stole Feminism?(1995) –¿Quién robó el feminismo?–, que supuso su ruptura con el movimiento feminista «oficial» norteamericano. Otro libro sugerente y polémico fue La guerra contra los chicos (2000) en que denunció que el modelo educativo basado en potenciar a las chicas ha traído un efecto no deseado: el fracaso de los chicos. Le hemos preguntado sobre el futuro del feminismo y sus consecuencias, especialmente en el mundo de la educación.

¿Cuándo y por qué se distanció del movimiento feminista norteamericano?

Empecé a cuestionar el feminismo académico a principios de los años 90´ cuando revisé varios libros sobre la filosofía feminista. En lugar de posiciones motivadas sobre las cuestiones de género, me encontré con una infeliz mezcla de política radical, ataques a lo masculino y puntos de vista paranoicos sobre el «patriarcado capitalista».

¿Qué aspectos del feminismo «oficial» le parecen a usted más criticables?

El feminismo oficial no representa a la mayoría de las mujeres. Se compone de activistas que tienden a estar enojadas con los hombres y en guerra con la sociedad. La mayoría de las mujeres quieren sus derechos, pero no están interesadas en entrar en guerra con nadie.

¿Cuál es su propuesta? ¿Cuál es su punto de vista del feminismo?

Necesitamos un movimiento de mujeres que sea más inclusivo. Esto supone un movimiento que sea menos duro en su política, más respetuoso con las opiniones de las mujeres moderadas y conservadoras.

A pesar de los avances obtenidos por el movimiento feminista durante el siglo XX, hoy se manifiesta como una postura ideológica negativa que sólo incide en lo que separa, reprime, discrimina… ¿Tan mal está la mujer del siglo XXI en las sociedades occidentales?

Hay zonas del mundo donde las mujeres están oprimidas y discriminadas por actitudes ignorantes y por medidas políticas, pero ese no es el caso de las democracias occidentales. En países como España, Inglaterra y los Estados Unidos, las mujeres tienen sus derechos y libertades fundamentales garantizados. Pero el establishment feminista no está contento, ya que define la igualdad como semejanza: hasta que los hombres y las mujeres no se decanten en la vida por las mismas opciones, es decir, pasar la misma cantidad de tiempo con los bebés y con los niños, entrar en campos como la ingeniería y la docencia en el mismo número… seguirán afirmando que las mujeres están oprimidas. Eso es ridículo. Como feminista de equidad, creo que los hombres y las mujeres deben tener las mismas oportunidades, pero no propongo que usen esas oportunidades precisamente de la misma manera. Los sexos son iguales, pero diferentes.

El feminismo parece que ha encontrado un compañero de viaje en el feminismo de género, ¿En qué consiste esta propuesta ideológica?

Una feminista de equidad quiere para la mujer lo que quiere para todos: un trato justo, respeto y dignidad. El feminismo de equidad promueve la armonía y buena voluntad entre los sexos de forma que pueda conducir a un mundo mucho más sano, más feliz y más ético. El feminismo de equidad no es nuevo. Tiene sus raíces en la tradición política liberal clásica, que tuvo sus comienzos en la Ilustración europea. Fue el liberalismo clásico el que inspiró la Primera Ola del feminismo en los siglos XIX y XX y el que obtuvo el voto femenino; también dio forma a la Segunda Ola en los años sesenta y setenta del siglo pasado que realzó aún más las libertades y las oportunidades de las mujeres. Por muchas medidas razonables obtenidas, el feminismo de equidad es la historia de un gran éxito de Occidente. Pero la filosofía dominante del movimiento feminista de hoy en día, no es el feminismo de equidad, sino el que he llamado «feminismo de género de guerra» o «feminismo de género», para abreviar.

¿Qué objeciones plantea al feminismo de género?

Tengo varias objeciones. El feminismo de género ve a las mujeres como víctimas y a los hombres como opresores. Utiliza una propaganda imprudente o temeraria para demostrar su visión del mundo. Déjeme darle un ejemplo que muestra por qué esta exageración es perjudicial y descaminada.

Las sociedades americana o europea no son perfectas, pero hace tiempo que decidieron que la violencia contra las mujeres es una barbaridad. Por el contrario el año pasado, a la República Islámica de Irán, donde es legal enterrar a una mujer adúltera hasta el cuello y apedrearla, le fue otorgado un puesto en la Comisión de las Naciones Unidas sobre la Condición de la Mujer. El presidente iraní, Mahmud Ahmadinejad, defendió la decisión señalando que las mujeres iraníes son mucho mejores que las mujeres en Occidente. «¿Qué queda de la dignidad de la mujer en Occidente?» –se preguntó–. Y mostró una estadística para apoyar su punto de vista: «En Europa casi el 70% de las amas de casa son maltratadas por sus maridos.»

Esa fue una mentira interesada. Las mujeres occidentales, con pocas excepciones, están a salvo y son libres. Las mujeres iraníes no. No sé dónde obtuvo el señor Ahmadinejad sus retorcidas estadísticas, pero podrían haber salido de algún libro de texto feminista de género utilizado en algunas universidades occidentales. Estos libros de texto habitualmente exageran la situación de la mujer como víctima y hacen que parezca que las mujeres en Occidente viven en estado de sitio.

Frente al modelo de confrontación de muchas feministas, usted aboga por un modelo de equidad. ¿Podría explicarnos su propuesta? ¿Supone apostar por el desarrollo de la propia especificidad?

Acepto el hecho de que los sexos son diferentes. Hombres y mujeres se complementan entre sí. No estamos en equipos distintos que compiten por un trofeo. Esto no es una competición de suma cero, somos pareja de baile como Fred Astaire y Ginger Rogers. Nuestros destinos están inextricablemente unidos: si uno tiene problemas, el otro también. Necesitamos leyes y políticas razonables que respeten ambos sexos.

De acuerdo con su punto de vista, ¿cuál es la cohesión del movimiento feminista y cómo ve usted el futuro del feminismo?

En muchas partes del mundo las mujeres no han vivido esas dos grandes olas del feminismo occidental. En algunas zonas de África y Asia las mujeres están aún segregadas y oprimidas. Las principales batallas del feminismo en el siglo XXI tendrán lugar en el mundo en desarrollo. Pero las mujeres en esas zonas necesitan el feminismo de equidad, no el feminismo de género de guerra. Este último no tiene sentido para ellas, y además hace poco para mejorar sus vidas.

En los últimos años en occidente se han feminizado muchos sectores profesionales, como la educación y la sanidad, también es muy notorio en el alumnado universitario. ¿Qué repercusiones tendrá para la sociedad, por ejemplo la feminización casi total de la enseñanza infantil y primaria, y en muchos casos de la escuela secundaria?

Cada vez más, las escuelas están dirigidas por mujeres en favor de las niñas. Hay que encontrar maneras para que nuestras aulas sean más amistosas con los niños. En los EE.UU. y en la mayor parte de Europa, existe una brecha favorable a la presencia femenina en la universidad que amenaza con convertirse en un abismo. Los chicos necesitan estar mejor preparados para la economía de la información. Si seguimos a descuidando la educación de los chicos, estamos descuidando nuestro futuro económico.

En España, los chicos tienden a obtener peores resultados académicos que las chicas de su edad. ¿Sucede lo mismo en otros países occidentales?

Sí, los niños languidecen en el ámbito educativo de la mayoría de las sociedades industriales avanzadas, pero en lugares como los EEUU, donde el lobby feminista es muy fuerte, es muy difícil ayudarles. Los grupos feministas hacen esfuerzos para ayudar a los niños «a no reaccionar». Esto es lamentable porque si los chicos tienen problemas, también los tenemos todos los demás.

¿Puede influir el modelo educativo? ¿Hay evidencias empíricas de que el modelo de educación diferenciada o el mixto pueda ser más eficaz que el otro para minimizar el fracaso escolar?

La escolarización diferenciada no es para todos. Pero puede ayudar a los estudiantes a estar más centrados y bien atendidos. Las chicas en las escuelas no pueden dejar que sean los chicos los que siempre diseccionen la rana, y los chicos no pueden dejar a las chicas que sean ellas solamente las que editen la revista del colegio. Un estudio británico de 2007 comparó los resultados en la vida de miles de graduados de mediana edad, salidos de escuelas diferenciadas y mixtas; se averiguó entonces que «los estereotipos de género» eran «moderados» en las escuelas diferenciadas. En las escuelas de un solo sexo, los varones no tuvieron problemas para centrarse más en el lenguaje y en la literatura, y las mujeres tampoco los tuvieron en centrarse en matemáticas y en ciencias. Además para las chicas, «la escuela diferenciada les reportó unos salarios más altos.»

Las investigaciones sobre la educación diferenciada están muy lejos de ser concluyentes. Pero esa opción ha producido muchos éxitos alentadores en el sistema público norteamericano, sobre todo en los distritos más pobres donde los padres carecen de recursos para enviar a sus hijos a las escuelas privadas diferenciadas. Hoy, la educación en América y Europa necesita más opciones, no menos.

En un momento de gran preocupación por la calidad de la enseñanza y los altos niveles de fracaso escolar ¿Hay modelos o estilos educativos que funcionen?

No existe una solución sencilla, pero en nuestros esfuerzos para ayudar a los chicos a tener éxito, nunca debemos permitir que lo políticamente correcto anule el sentido común. Los niños y las niñas, tomados como grupo, tienen diferentes necesidades educativas. Si queremos que los niños y niñas maduren para la edad adulta, quizá tengamos que tratarlos de forma diferente a lo largo del camino.

Con los años, los educadores han elaborado una lista de «buenas prácticas» para la educación de los chicos. He aquí algunas:

· Ambiente muy estructurado, con un gran énfasis en la lectura.

· Clases vigorosas, animadas y llenas de suspense.

· Aplicar sanciones con coherencia si no se termina el trabajo.

· Menos ficción y más libros acerca de cosas (por ejemplo, volcanes, cohetes, trenes…) Además, los niños tienden a preferir las historias de aventuras con héroes masculinos.

· Clases divididas en grupos donde todo sea competitividad. Tal como un maestro de éxito entre los chicos me dijo: «Yo trato de canalizar la agresividad por medio de una sana competitividad».

· Muchos juegos activos al aire libre con fuerte énfasis en la deportividad.

He aquí, en cambio, algunas de las mejores prácticas para las chicas:

· Las niñas no tienen necesidad de un vigilante estricto que esté con ellas todo el rato o que aparezca cuando menos se lo esperan. Ellas trabajan muy bien en pequeños grupos, con relativa poca supervisión.

· Se crecen en aulas con calma, tranquilas y creativas; éstas, incluso pueden ser acogedoras, con sofás, almohadones. (Un experto advierte que las aulas para los niños no debe ser confortables: «Evitar sofás o sillas blandas: los chicos se dormirían».)

· Desde la más temprana edad, los profesores deben trabajar para conseguir que las niñas se interesen por la practica de deportes. Formar parte de los equipos deportivos no es sólo físicamente saludable, sino que les ayuda a desarrollar habilidades de trabajo en equipo que luego les serán útiles en el mundo profesional.

· Las niñas tienden a subestimar sus capacidades, incluso cuando lo hacen muy bien. Necesitan un estímulo constante. (Los niños sobrestiman sus habilidades, incluso cuando lo hacen mal. Ellos necesitan «controles para ser más realistas».)

¿Es posible que un profesor pueda hacer todas estas cosas en un aula mixta?

Hasta cierto punto. Estoy segura de que los buenos maestros hacen todo lo posible para adaptar su estilo de enseñanza a las necesidades de cada estudiante. Pero es obvio que en las escuelas diferenciadas les será más fácil.

Isidor Ramos
Periodista

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